Exhibida en la Bienal de Florencia 2025, esta obra no es un ícono de divinidad, sino un testimonio de humanidad pura. Cecilia Acevedo nos sitúa en el "instante después": el suelo ya fue golpeado, las alas ya sintieron el peso de la gravedad y la caída es un hecho consumado. Lo que vemos aquí es el momento más sagrado de la existencia humana: el libre albedrío. Un cuerpo maduro, marcado por el tiempo y la experiencia, que respira bajo la tensión de una sola decisión: ¿levantarse o quedarse ahí?
Para la mente de la artista, el vacío no es ausencia; es el lienzo donde el orden finalmente tiene sentido y el caos encuentra su estructura. A través de una proeza técnica sin precedentes, más de 300 tonos de hilo se entrelazan no para formar una imagen, sino para construir músculos, pliegues y sombras con pulso propio. Aquí, el crochet trasciende para convertirse, literalmente, en carne.
Esta obra logró el 4° Lugar en la Bienal de Florencia 2025.